Lo político, el nuevo cosmos

Partiendo de la hipótesis central de Carl Schmitt en su obra “El concepto de lo político”, donde lo político es todo aquello vinculado a la política, la sociedad y la economía, es decir todo, el plano en el cual se sitúan los actores políticos es total, y por lo tanto, infinito.  Así pues, hay que imaginar lo político como una red de límites infinitos. En ella se encuentran los citados actores que interactúan en la misma como esferas simétricas, cuya masa varía según distintas variables, que a su vez distorsionan la red. La aparición de esas distintas esferas simétricas aunque con distintos tamaños desplazándose a su vez en el tiempo, pues este sigue transcurriendo, genera variaciones en la red debidas a distintas leyes físicas, que podrían aplicarse así mismo en el campo de la teoría política.

La red representa lo político, y en un estado primigenio ésta no tenía ninguna deformación porque no había actores políticos. A medida que el tiempo ha ido pasando, con la constitución de las primeras sociedades, lo político surgió, y así los actores políticos empezaron a deformar la red, siendo uno sólo como era el Estado o varios cuando surgieron los partidos políticos. La representación física de estos como una esfera simétrica es debido a las leyes físicas a ella aplicables.  Puesto que en los partidos políticos y en los actores, se pueden extrapolar dichas leyes.

La masa de las esferas simétricas, que representa a los actores políticos, vendrá determinada por las variables de poder que ejerce y su organización interna. Un actor que es capaz de ejercer su influencia sobre otro para que cambie tendrá mayor o menor poder al respecto si es capaz o no de ejercerlo. Y la organización interna respecto a la toma de decisiones, como actividad generada, implicará energía desprendida, y cuestiones que variarán según la naturaleza del mismo. Conforme mayor organización y mayor poder, más grande será la masa de la esfera y por lo tanto mayor deformidad causará en lo político. Sin olvidar que partimos de la hipótesis en la que todos los actores del plano cumplen con el mismo contexto social y temporal, por lo que habrá una variable fija, el contexto.

Así pues, situando los actores sobre el plano político, se puede analizar cómo unas deforman más la red que otras. Los ciudadanos, los medios de comunicación, los partidos políticos, el Estado, los sindicatos, cualquier tipo de actor político están representados por una esfera simétrica y deforman el espacio en el que están. Y como tienen masa, tienen una gravedad propia que genera un movimiento entre ellos mientras transcurre el tiempo. Está en su naturaleza intrínseca  interactuar entre sí, pues al tener masa, se atraen con una fuerza proporcional a las mismas. Por lo tanto, una esfera que represente a un partido político atraerá a una esfera que representa un votante. Partiendo que la distancia en este caso se podría referir a puntos en común.

No se trataría pues, como se ha dicho en muchos casos, que a mayor sincronía entre un partido y un votante significará su vínculo o su atracción, sino también el tamaño del partido será importante. Y a su vez habrá más atracción entre los mismos. Además, la deformación provocada generará que el más pequeño también cambie su trayectoria al verse influenciado por esta. Los actores en sí se desplazarían en línea recta por el tiempo pero esta trayectoria realmente se ve deformada por los otros actores. Expuesto el contexto o base, la continuación sobre cómo se relacionan entre sí estos actores es importante.

La interrelación de los actores es permanente aunque con mayor o menor influencia, y su desplazamiento a través del tiempo variará según los actores que tenga a su alrededor, como consecuencia de la masa que tengan, pues esta distorsionará su recorrido temporal. El movimiento a través del tiempo provocará que actores políticos más pequeños, también en movimiento, acaben orbitando alrededor de otro más grande, pues su masa no se mantiene uniforme, pues puede ganar masa al incorporar nuevos actores o bien generando un campo gravitacional o de atracción propio como consecuencia de su propia masa de origen. Como también puede dejar de orbitar al perder masa al perder energía como consecuencia no de tener una mayor interacción con otros actores. Recordemos que todo cuerpo tiene una entropía y un actor político también la tiene.

Como más tiempo pase, si el actor político no tiene ningún input que le alimente, a la larga se extinguirá, ocupando cada vez menos masa y distorsionando menos el espacio de lo político. Como más irrelevante sea, menos atraerá a otros actores, hasta desaparecer de lo político y evolucionando en otra dimensión pero ya sin influencia en esta. Así pues, un actor que vaya perdiendo energía pero la vaya recuperando sumándose con otros actores menores a él, tanto podrá mantenerse como crecer, aunque al crecer, distorsionará más el espacio de lo político y atraerá más actores hacia el mismo.

Es fundamental la variable espacio-tiempo porque sin ella los actores políticos no interactuarían entre sí, ni tampoco podrían hacer nada porque sin tiempo no hay movimiento ni interacción.

El actor político realmente no tiene en su naturaleza ocupar la totalidad de lo político, sino representar un espacio. Este espacio a través de la retórica describirá su movimiento, sus intereses, pero el desplazamiento de este siempre se verá influenciado por los otros actores. Aun así, aunque el espacio de lo político es total, la cantidad de masa total es finita, pues dependerá de cada contexto y de los límites del institucionalismo político de cada momento.

Como más institucionalismo, más organismos, o más actores haya, no implica que la capacidad de crecer no pueda ser menor que la que se podría lograr en un contexto o espacio donde haya una única institución, un organismo o un único elemento político. Y aunque las variables y el espacio para desplazarse sean infinitas, el tamaño del actor en sí mismo no lo es.

Imagen: Cenotafio de Newton, Étienne-Louis Boullée.

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