La nueva Revuelta Árabe

El rey de Arabia Saudita nos sorprendió a todos este miércoles 13 de abril cuando despojó de poderes a la temida policía islámica, que se encargaba de vigilar con mano firme el cumplimiento estricto de la ley surgida del Corán, la Sharia. Además nos sorprendió este hecho a los que estuvimos siguiendo la visita del monarca saudita a Egipto, puesto que se entregó durante la misma parte de los Estrechos de Tiran a Arabia Saudita. Como recordaremos, Israel y Egipto firmaron la paz, pero ahora los estrechos han pasado a  manos de un supuesto enemigo natural de Israel, y, hasta el momento, no ha habido reacción alguna por parte del ejecutivo de Netanyahu. ¿No les parece extraño? Pues no lo es.

Fue un periodista, Henrique Cymerman, el que en una modesta crónica desde el Foro de Doha el 1 de junio del año pasado abrió la caja de pandora. Este periodista narraba las declaraciones del monarca saudí Salman, que dijo: “Yo reitero la propuesta saudí de paz y llegó el momento de que Israel también la acepte”.

Además, en esa crónica, Cymerman también narraba las palabras del General Anwar Eshki, director del Centro de Estudios Estratégicos saudí y persona muy próxima al monarca: “Dicen que Benjamín Netanyahu formó un gobierno nacionalista. No me molesta. Al contrario. Quizás sea mejor para conseguir la paz, ya que si ellos apoyan el acuerdo nadie les molestara. La fórmula es la retirada hacia las fronteras de 1967 a cambio de la normalización diplomática, comercial y cultural, con 22 países árabes y 20 estados musulmanes”.

La Cumbre de Taba

En enero de 2001 tuvo lugar la Cumbre de Taba entre Israel y la Autoridad Palestina para poner fin al conflicto palestino-israelí. En el encuentro se encontraron Ehud Barak, Primer Ministro de Israel, y el presidente palestino Yasser Arafat. En la misma, los principales puntos de partida eran el derecho de los refugiados palestinos a regresar al interior del Estado de Israel, la soberanía palestina sobre el Monte del Templo y los asentamientos principales, que contenían el 80% de la población judía residente en Cisjordania y Gaza pasarían a control israelí. Unos puntos muy importantes por el significado  histórico del Monte del Templo, o el rol de los refugiados palestinos.

Además, ambas partes acordaron que las fronteras entre Israel y el Estado palestino serían las de 1967, otorgando a los palestinos finalmente el 97% del control de la tierra cisjordana. Sobre Jerusalén se acordó que se declarase ciudad abierta. Israel aceptó que fuese la capital de los dos estados, y además cada parte tendría soberanía plena sobre los Sagrados Lugares, creándose cierto desacuerdo con los límites del monte y si el Muro de las Lamentaciones se incluía en la parte árabe o la israelí, y porqué. Añadiendo a los acuerdos la desmilitarización israelí del Valle del Jordán y Cisjordania. El 27 de enero terminó y a la mañana siguiente  Arafat declaraba en el Foro Económico Mundial de Davos que los palestinos habían sido víctimas de una “agresión fascista”, por lo que Ehud Barak, y después Ariel Sharon, se negarían a reunirse con él.

Cambio en la dinámica

En 2005, por orden de Ariel Sharon, se llevó a cabo la retirada unilateral israelí de Gaza, y también de parte de Cisjordania. Se destruyeron los veintiún asentamientos israelís en la Franja de Gaza, y parte de los asentamientos de Cisjordania, los cuatro que estaban gestionados por Israel desde 1967 en el norte del West Bank. En 2006, el grupo terrorista Hamás se hizo con el control de Gaza, expulsando a los miembros del gobierno palestino de Al-Fatah, histórica facción dirigida por Arafat y después por Abbas.

Después de demostrarse los lazos entre Hamás e Irán, las relaciones entre Hamás y los saudíes se han resentido en el campo político, recordándoles que forman parte de los Hermanos Musulmanes, organización considerada terrorista en el reino saudita. Y, aunque en un principio las relaciones entre ambos eran positivas, el giro en la geopolítica saudí ha hecho cambiar la relación entre las fichas del tablero. La lucha contra los ayatolás y su poder nuclear significa más para los saudíes que la que la cuestión salafista que hasta ahora iban arrastrando. La subida al poder de Al-Jubeir, que fue Embajador de Arabia Saudita en Estados Unidos frente al Ministerio de Asuntos Exteriores, sitúa a un diplomático de la realpolitik frente la geopolítica del reino.

La defenestración de las relaciones diplomáticas basadas en la religión del anterior monarca saudí, junto con la importancia de la guerra civil en Siria y Yemen en sus esferas de influencia, hacen del conflicto con Irán el principal problema diplomático de la región. Un problema diplomático que comparten con Israel, situando por ello en el mismo bando a estos históricos enemigos.

Al-Jubeir, ¿el Bismarck saudí?

El 29 de abril de 2015, Adel Al-Jubeir fue nombrado Ministro de Asuntos Exteriores. Ha sido el encargado de dirigir las misiones saudíes de diálogo inter-religioso llegando a promover conferencias internacionales al respecto, el encuentro entre el monarca saudí y el Papa, preparó tambien la Conferencia de Paz de Annapolis, las misiones militares conjuntas entre saudíes y norteamericanos, donde decidieron acabar con la financiación del terrorismo, compartiendo información ambos países. Además fue objetivo de un atentado fallido iraní para acabar con él.

Frente al Ministerio de Asuntos Exteriores, fue uno de los ministros más severos con el acuerdo nuclear iraní, al establecer unas pautas de apoyo al programa estrictas, como también una de las figuras clave en el rol del reino árabe en la guerra civil siriana al declarar rotundamente que Al-Assad debía abandonar el poder, puesto que no es parte de la solución.

Después de los acuerdos con Rusia, flexibilizó su posición hasta que en caso que no hubiese alternativa, y Al-Assad se negase a abandonar el poder, entonces Arabia Saudita actuaría militarmente en el país. Es importante recordar que el presidente sirio es uno de los principales aliados de Irán en la zona.

Si trazamos una línea, podemos ver que sus acciones se centran en aislar Irán. La declaración de la Liga Árabe y del Consejo de Cooperación del Golfo señalando a Hezbollah, grupo terrorista con estrechos vínculos con el gobierno iraní, como grupo terrorista, o la misión militar en el Yemen para acabar con los insurgentes Houthis, que también colaboran con los iraníes, demuestra esta tendencia. El lema Houthi llama a acabar con los judíos y con Israel, recordemos que no existen casualidades en la diplomacia.

Un nuevo horizonte

La nominación de Al-Jubeir como ministro días después de las declaraciones recogidas por Cymerman en Doha, el establecimiento de relaciones cordiales con Egipto, el apoyo al presidente que luchó contra Al-Qaeda en Yemen o el silencio israelí frente al cambio de soberanía de los estrechos de Tiran, demuestran que estamos frente una nueva Revuelta Árabe, surgida como la de 1917 del desierto de Arabia para cambiar el destino de todo Medio Oriente, y también de más allá.

Una revuelta contra la tradición de las relaciones diplomáticas, llegando a un punto donde no podamos descartar que en un espacio corto de tiempo veamos a Israel y Arabia Saudita firmando la paz.

Imagen: El rey Salman de Arabia Saudita, y detrás el ministro de Asuntos Exteriores, Adel Al-Jubeir. – Pete Souza –

Los acuerdos del mar Rojo

Las relaciones diplomáticas entre Arabia Saudita y Egipto siempre han sido especiales debido a los roles que toman ambos países en el Mashriq, la definición árabe de lo que nosotros llamamos Oriente Medio. Mientras los reyes saudíes se movían en las esferas más cercanas a los Estados Unidos, los presidentes egipcios lo hacían alrededor de la Unión Soviética y después de lo países no alineados. Acciones como el reconocimiento de Israel abrieron una brecha en las relaciones entre ambas potencias, pero con Mubarak la situación se normalizó plenamente. La inauguración del nuevo canal de Suez fortaleció los vínculos entre ambos países, creando una estabilidad económica en la zona.

Acuerdos políticos

Políticamente la visita del rey Salman, la primera que hace a Egipto, ha sido trascendental, pues incluso ha cambiado la geografía de ambos países. Ayer sábado 9 de abril en un comunicado del gabinete egipcio se informó que las islas Sanafir y Tiran se incluirán oficialmente en las fronteras marítimas de Arabia Saudita. Después de seis años de debate diplomático respecto la titularidad de las islas, y más de diez rondas de negociaciones, el comité técnico determinó que las dos islas se encontraban dentro de las fronteras de Arabia Saudita.

Estas dos islas hasta ahora egipcias están situadas cerca de la península del Sinaí, que se encontraba bajo control israelí desde 1967 hasta 1982, cuando con las relaciones de paz entre Israel y Egipto, este último recuperó la titularidad administrativa, han sido objeto de conflictos entre ambos países. No siendo hasta 2010 cuando el gobierno egipcio se comprometió a estudiar el caso y establecer relaciones bilaterales entre ambos países, llegando finalmente ayer a una resolución al respecto. Con este acuerdo y devolución se zanja uno de los conflictos territoriales más importantes de la región.

Acuerdos económicos

Después de la primera reunión del rey saudí en Egipto, se anunció el establecimiento de un fondo de inversión por ambos países, donde cada uno de ellos pondría la mitad del capital total del fondo. Esto provoca un nuevo punto álgido, histórico según el Primer Ministro egipcio, por la profundidad de las relaciones entre ambos países. En tal reunión, se abordó la promoción de relaciones comerciales y económicas, donde se establecieron medidas para promover la cooperación económica entre ambos países. Destacar que uno de los puntos tratados fue la creación de un puente entre Egipto y Arabia Saudí, por encima del mar Rojo, cuyo capital será de inversores saudíes en mayor parte.

Además, tal como señaló el portavoz del gabinete, la visita del rey Salman no solamente sirve para crear nuevos proyectos, sino para confirmar y demostrar el apoyo de la monarquía saudí a los contratos firmados entre inversores para que se conviertan en proyectos exitosos. Por su parte, además, el monarca saudí celebró el inicio de las privatizaciones llevadas a cabo por el presidente Al-Sisi, pues ofrecía nuevas oportunidades a inversores árabes, facilitando el intercambio de capitales, como también la multitud de visitas de funcionarios entre ambos países. Recordemos que el intercambio comercial entre ambos países registró cinco mil millones de dólares entre 2014 y 2015, siendo Arabia Saudí el país con más inversiones este año, con 6.130 millones de dólares en 2016.

Más allá de la política bilateral

La visita del rey Salman a Egipto marca el inicio de las relaciones económicas de Egipto con otros países de la Liga Árabe, reticentes con la política interna que lleva a cabo el presidente Al-Sisi. La reforma del canal, la creación de este puente sobre el mar Rojo, la creación de fondos de inversión, acuerdos comerciales y el establecimiento de relaciones formales con el presidente egipcio, demuestra al resto de satélites del reino árabe una nueva potencia a la cual invertir de forma segura.

La voluntad del rey que se invierta en el país, como también la celebración que se esté privatizando la gran estructura económica del delta del Nilo, abriendo las puertas a inversores internacionales, sitúa a Egipto en una situación excepcional. Aunque hoy en esté pasando sus horas bajas por los diferentes atentados y la gestión del antiguo presidente islamista, el horizonte económico egipcio puede ser en cierta forma positivo.

Puntos finales

Egipto es uno de los países más importantes en aquella zona, como también por sus lazos con Rusia, Siria, Israel o el inicio de nuevas relaciones diplomáticas con Irán desde la condena firme del presidente Al-Sisi a las sanciones contra el gobierno iraní y su respaldo al programa nuclear. Desde la década de los años setenta la principal idea de la diplomacia egipcia ha sido optar por el camino de la estabilidad, es por ello que no debe sorprendernos que tenga relaciones diplomáticas o económicas con países enfrentados o que exista tensión entre ellos.

Imagen: File photo of Saudi’s King Salman Bin Abdelaziz meeting Egypt’s Abdel Fattah Al-Sisi during a previous visit of the latter to Saudi Arabia.

El guardián de Palmira

Después de meses de combates, de avances de las fuerzas armadas sirias, la ciudad de Tadmur ha sido liberada, y con ella, la antigua ciudad de Palmira. Una ciudad en ruinas, y más aún después de la destrucción iconoclasta por parte del Estado Islámico de gran parte del patrimonio de la ciudad. Una ciudad que, después de 4000 años de existencia, aun se eleva en el desierto sobreviviendo a quien ha querido acabar con ella. Esta vez, ha sido el Daesh, pero anteriormente fueron los griegos, los mesopotámicos, los romanos, los persas, los diferentes califatos e incluso tribus árabes.

No fue hasta 3500 años después de su fundación, en el 1400, cuando la dinastía de los timúridas arrasó la ciudad haciendo que los habitantes tuviesen que vivir entre ruinas. Y fue en 1932 cuando, bajo el Mandato Francés de Siria y Líbano, se fundó la ciudad de Tadmur al lado de esas ruinas para que los habitantes viviesen allí. Tres años antes, en 1929, el arqueólogo Henri Arnold Seyrig empezó la catalogación y las labores arqueológicas en la ciudad milenaria, situando la ciudad en el orbe. Como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial, las investigaciones tuvieron que cesar hasta que terminase el conflicto.

En 1950, Seyrig publicó “Palmira y el Este” sobre la importancia de la antigua ciudad durante las etapas macedónica de Alejandro Magno y la romana. Además de contar desde tiempos del rey Salomón la historia de la ciudad, destacó su contexto como una de las ciudades clave en las rutas comerciales cercanas al Éufrates, empezando a descubrir al mundo la importancia y la trascendencia del yacimiento arqueológico. Pero no fue hasta 1963, cuando un joven Khaled Al-Asaad, fue nombrado Director del Sitio Arqueológico de Palmira. Con menos de 35 años, este joven dominaba el inglés, el antiguo dialecto de Palmira y el arameo.

Cinco años después que Al-Asaad fuese nombrado director, Seyrig publicó un nuevo libro sobre una de las más importantes edificaciones de la ciudad, el Templo de Bel, originalmente Bol. El templo medía, pues debido a la iconoclastia del Daesh ya no existe, 205 x 210 metros, cuya puerta estaba decorada con un arco de 35 metros de ancho, con una monumental escalera. Según un escrito del 51 d. C. había un incensario de oro y tazones de libación, para hacer ceremonias. Además, según cuenta Seyrig, una imagen del dios Bel custodiada en el templo era sacada en procesión por la ciudad.

Al morir Seyrig en 1973, Al-Asaad fue designado guardián y protector de las ruinas. Él siguió los pasos de Seyrig y descubrió en la parte greco-romana de la ciudad nuevas ruinas, un hallazgo sin precedentes pues las torres que descubrió enterradas en la montaña dibujan hoy uno de los paisajes de la ciudad. Además, catalogó de nuevo todos los hallazgos, pieza por pieza, imagen a imagen, para poder analizar en profundidad y poder dar una difusión universal a tal yacimiento arqueológico. Encontró diferentes necrópolis, de diferentes épocas más allá de las que estaban teorizadas, consiguiendo hallazgos impresionantes como un gran mosaico de setenta metros cuadrados, una columnata o incluso 700 monedas del siglo séptimo de la dinastía sasánida.

Empezó a restaurar gran parte de las ruinas con su equipo: el teatro de la ciudad, la gran muralla y el Tetrapylon. Era tal su amor por Palmira que llamó a una de sus hijas Zenobia, como la reina de Palmira del siglo tercero. Al-Asaad internacionalizó las misiones arqueológicas a la ciudad, haciendo que polacos, franceses, ingleses, italianos e incluso japoneses, estableciesen misiones arqueológicas trabajando codo con codo con las misiones arqueológicas sirias. Esto creó un gran vínculo entre todos los arqueólogos pues se establecieron como guardianes de la historia antigua de la ciudad, internacionalizando también el patrimonio universal sirio.

Al empezar la guerra civil siriana y la incursión del Estado Islámico, Khaled Al-Asaad solicitó que todas las piezas posibles se desplazasen desde Palmira a Damasco para evitar daños, como también todos los dibujos, archivos y documentos originales respecto la antigua ciudad. Esto provocó que hubiese un éxodo forzado del patrimonio, como también de los equipos arqueológicos de la ciudad hacia la capital, quedando solamente en la ciudad los yacimientos propiamente urbanos, y determinadas estatuas.

Con la entrada del Estado Islámico a la ciudad, Khaled Al-Asaad decidió que lo mejor que podía hacer, como guardián durante más de 40 años de las históricas ruinas, era permanecer con ellas hasta el final. Y así fue. El arqueólogo de Tadmur decidió quedarse en su ciudad natal incluso aun sabiendo que los takfiristas destruirían las estatuas, e incluso los yacimientos, como habían hecho en otros lugares del país. La iconoclastia que llevaban por bandera no se detendría por muy antiguas fuesen las ruinas, o por muy importantes que fuesen. Y aun sabiéndolo, se quedó, sentenciando su vida.

Bajo los delitos de “apostata”, “conferencias infieles”, “director de la idolatría”, visitar el “herético Irán”, el 18 de agosto de 2015 fue decapitado a la edad de 81 años a manos del Daesh o ISIS. Toda la comunidad arqueológica del mundo sintió al enterarse de la noticia gran pena por este hecho, pues el guardián de Palmira había sido asesinado al proteger lo que más quería.

Gracias a sus cuarenta años al frente del yacimiento arqueológico hoy, una vez liberada la ciudad antigua de Palmira como Tadmur, podemos hablar de reconstrucción al detalle de todo lo que el Estado Islámico ha destruido. Su labor ha vuelto eterna la ciudad, las ruinas, cada una de las columnas, cada uno de los rostros de las estatuas como también los templos y yacimientos urbanísticos. Desde las torres funerarias al Templo de Bel. Desde los mosaicos del suelo hasta los altos capiteles de las columnas, todo puede ser de nuevo reconstruido gracias a la labor de un gran hombre que mejoró lo que otro anterior, Seyrig, había empezado.

Khaled Al-Asaad, el último guardián de Palmira, contribuyó dedicando toda su vida a la histórica ciudad, y esta lo premió haciéndolo inmortal.

Ruinas que inspiraron a parte de la filosofía europea, símbolos de la libertad contra la opresión y la tiranía, de la eternidad de Siria y de su historia, de un pasado lleno de esplendor que aún pervive en cada una de las personas del país, portadoras de ese legado.

Imagen: Khaled al-Asaad in 2002. Marc DEVILLE / Gamma-Rapho via Getty Images.